martes, 27 de marzo de 2012

La Constitución de Cádiz, centro del constitucionalismo mexicano: Jaime Correa



  • Consagró la igualdad de los ciudadanos ante la ley lo cual puso fin a las castas y a los privilegios estamentales; reconoce derechos individuales, el derecho de todo individuo a la educación, a la libertad de imprenta, a la inviolabilidad del domicilio, a la libertad y a la propiedad.


A dos siglos de la Constitución de Cádiz cimbró la conciencia imperial española con su postulado central que señalaba que la soberanía recaía esencialmente en la Nación y no en el Rey.



Los diputados de las colonias defendieron el derecho de las castas a la ciudadanía, la libertad de imprenta y la abolición del Tribunal de la Inquisición. El debate de la Constitución de Cádiz azuzó al movimiento insurgente de 1808 a 1812, y aún más en la etapa insurgente liderada por el General José María Morelos y Pavón. 



Los debates del Constituyente de Cádiz sintetizaron, en los albores del Siglo XIX, la contradicción de las dos visiones preponderantes de la época: la visión Napoleónica, símbolo de la Monarquía Absoluta; y la visión Inglesa, que habiendo liquidado al absolutismo desde 1688, fincaba su poderío económico y político en la Monarquía Constitucional.



La invasión de España, en 1808, por los ejércitos napoleónicos pretendía impedir el acceso de Inglaterra, el gran adversario del Imperio francés, a los puertos de España y, a la vez, a los de Portugal. El poderío británico no pudo ser contenido y con la derrota de Napoleón en 1815, Inglaterra impuso su poder al mundo.



En 1808, la resistencia popular española frente a la invasión napoleónica se agrupó en las Juntas de Defensa. En la Junta Central, había diputados que veían la oportunidad de reformar la monarquía, de incorporar las ideas de la revolución francesa y de evadir una revolución popular. La Junta Central determinó que la Ciudad de Cádiz albergaría los trabajos de redacción de la primera Constitución liberal de España. En ese proyecto participaron los diputados españoles continentales y de las colonias de ultramar, es decir, los de la Nueva España, que serían 17, en su mayoría con formación eclesiástica.



La Constitución de Cádiz, conocida popularmente como “La Pepa” fue aprobada el 19 de marzo de 1812. Ésta es la primer Constitución Liberal de España y es uno de los grandes textos liberales de la historia, que alcanzó una gran notoriedad y reconocimiento en su tiempo, en toda Europa y en toda la América Española. Influyó además en los diseños constitucionales de naciones tan diversas como Italia, Portugal, Noruega, Rusia, y Grecia.



La Constitución de Cádiz abolió los cuatro Virreinatos americanos –Nueva España, Perú, Nuevo Reino de Granada y Río de la Plata- y, en su lugar, proclamó que “La Nación Española es la unión de todos los españoles de ambos hemisferios”.



La Constitución de Cádiz introduce en Hispanoamérica y el mundo, el precepto contundente de la Soberanía Nacional, afirmando categóricamente que el poder y por tanto, la soberanía, residen, esencialmente, en la nación y ya no en el Rey. Esta proposición representa una revolución política, y pronto habría de tener sus repercusiones de toda índole, por todos lados. Las guerras de Independencia de las colonias españolas en América sintetizan la repercusión social, económica y política del texto de Cádiz.



Esta Constitución define el régimen político como una Monarquía Constitucional, con una auténtica división de poderes. Este precepto derivado directamente de las ideas de la Ilustración, asienta que el Poder Ejecutivo lo encarna el Rey pero con limitaciones muy claras. Las órdenes del Rey deben ir validadas por la firma del Ministro correspondiente, y el monarca no puede disolver las Cortes, por sí mismo. Cuenta con un veto suspensivo transitorio durante sólo dos años, periodo tras el cual la decisión de las Cortes se convierte en ley, aún contrariando la voluntad del Rey. El Monarca nombra a los ministros, pero estos deben ser refrendados por las Cortes.



La Constitución de Cádiz consagra el derecho de representación por el cual la nación ejerce su soberanía mediante sus representantes en Cortes; la igualdad de los ciudadanos ante la ley, lo cual puso fin a las castas y a los privilegios estamentales; reconoce derechos individuales, el derecho de todo individuo a la educación, a la libertad de imprenta, a la inviolabilidad del domicilio, a la libertad y a la propiedad.



La Constitución de Cádiz omite toda referencia a los territorios con fueros, lo que equivalía a su no reconocimiento y establece un procedimiento electoral por sufragio universal masculino indirecto. Todos los hombres mayores de 25 años tenían derecho a elegir a los compromisarios que a su vez elegían a los diputados.



Pese a lo avanzado del texto de Cádiz, esta Constitución reconoce al catolicismo como la única confesión religiosa permitida, más como un gesto político para contar con la colaboración del clero en la lucha contra los franceses; prueba de ello es que a pesar de las graves circunstancias de aquel momento, los diputados no vacilaron en abolir en el texto la institución Inquisitorial. 



En 1812, en medio de la Insurrección en la Nueva España, el Virrey Félix Calleja se comprometió a cumplir la Constitución y sin embargo no lo hizo a cabalidad, empezando por no poner en práctica la Libertad de Imprenta.



En 1814, regresó de Francia a España Fernando VII quien condenó la Constitución de Cádiz y comenzó a perseguir a todos los diputados, incluidos los americanos, y a disolver cualquier asomo de avance político y social consecuencia de la Constitución de Cádiz.



La anulación de la Constitución de Cádiz, tuvo como resultado revueltas y sublevaciones en España y en las colonias Americanas, como la que     encabezó el ilustre español, Francisco Xavier Mina, quien se unió a las tropas insurgentes de México, en un momento muy difícil para la Insurgencia. Morelos había perdido a su brazo derecho, el General Matamoros, y las tropas estaban menguadas.



La Monarquía Absoluta de nueva cuenta instalada, con todo su oscurantismo propio de la Edad Media, incluida la Inquisición, los fueros y las castas. Por todo ello, la aparición de Francisco Xavier  Mina tuvo una significación extremadamente positiva para el movimiento independentista.



Morelos convocó y organizó el  Congreso de Anáhuac, en Chilpancingo, durante septiembre y noviembre de 1813. Allí, presentó su celebérrimo texto “Sentimientos de la Nación”, que sirvió de base para la Constitución que aprobaría el Congreso el 22 de octubre de 1814, en Apatzingán, Michoacán. En estos dos textos se expresa con claridad el legado de la Constitución de Cádiz, ya que se consagran los preceptos de la soberanía nacional, de la igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley, de la abolición de la esclavitud, de los fueros y de las castas. Obviamente, se agrega la causa fundamental para los americanos de la Nueva España, que es la Independencia y la erección de una nueva Nación que el propio Morelos llamaría alternadamente “América Septentrional, América Mexicana o Méjico”.



Las firmes ideas plasmadas en la Constitución de Cádiz de 1812, y posteriormente en la de Apatzingán de 1814, permanecieron en la conciencia crítica de las mujeres y los hombres valerosos de aquélla época; españoles como el Coronel Riego, y americanos como Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y los constituyentes de 1824, fray Servando Teresa de Mier, José María Becerra y Jiménez, Carlos María de Bustamante, Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala, Manuel Crescencio Rejón, y Valentín Gómez Farías, entre muchos otros, centralistas y federalistas, quienes se ocuparon de garantizar el legado de Cádiz, como parte esencial del pensamiento liberal de la naciente nación.



La Constitución de Cádiz, está en el centro del constitucionalismo mexicano, y quizás por ello sea apenas justo, que se realice ésta sesión solemne y que la plaza central de nuestra república lleve su nombre, La Plaza de la Constitución de Cádiz, en donde confluyen el Palacio Nacional, El Templo Mayor, La Catedral Metropolitana, La Suprema Corte de Justicia de la Nación, una gran cantidad de comercios y el Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de México, cuna y sede del Pensamiento Liberal y Progresista hasta nuestros días.



Muchas gracias,









CSGPPRD


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