martes, 25 de septiembre de 2012

Propone Aleida Alavez dotar de autonomía a la Procuraduría General de la República y la creación de la fiscalía general de la nación.


Palacio Legislativo, 25 de septiembre de 2012

Durante la intervención de Aleida Alavez Ruiz, para presentar iniciativa con proyecto de decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones de la constitución general de la república, la diputada mencionó:

Vengo a nombre de los grupos parlamentarios del PRD, PT, Movimiento Ciudadano, a presentar hoy esta iniciativa para dotar de autonomía a la Procuraduría General de la República y sentar las bases constitucionales para la creación de la Fiscalía General de la Nación.

Sometemos a la consideración de esta soberanía iniciativa con proyecto de decreto que reforma y adiciona los artículos 71, 76, 78, 89 y 102 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al tenor de las siguientes consideraciones.

En palabras del poeta Javier Sicilia, nuestro país vive un estado de emergencia nacional. Al referirse a la política de seguridad y combate a la delincuencia, el poeta también hace referencia a las instituciones encargadas de procurar e impartir justicia; particularmente las primeras, aquellas instancias que constitucionalmente son las representantes de la sociedad y que deben defender nuestros derechos se han convertido en nuestros peores adversarios. 

Las procuradurías de justicia de todo el país son un verdadero lastre nacional.

Desde luego esta carga no podría entenderse sin analizar el papel que ha jugado la Procuraduría General de la República en los últimos 15 años, al convertirse en un órgano de investigación y persecución del delito a una instancia incluso de persecución política.

Para mejorar la procuración de justicia y para definir los cambios necesarios es importante recordar la crisis generalizada de la justicia que estamos viviendo, esto aunado a muchas deficiencias que se han generado en los últimos años. Por ello esta reforma busca el espectro de la justicia, así como programas y acciones que permitan combatir con eficacia y prontitud el flagelo que atañe a los mexicanos y a las mexicanas, a todos, en sus diferentes edades.

El Ministerio Público, tal y como se encuentra constituido en la actualidad, ha sido rebasado por el fenómeno delincuencial, así como por los arraigados vicios que la aquejan, excesiva burocracia, lentitud de la tramitación de averiguaciones previas, la falta de capacitación de los agentes del Ministerio Público, la violación sistemática de los derechos humanos, así como la infiltración de grupos criminales, motivos estos para el descrédito de las instituciones en materia de procuración de justicia penal.

Es imperante la autonomía del Ministerio Público no sólo por los aspectos antes señalados, sino por las reformas en materia de justicia penal del 2008, que definió un proceso penal acusatorio, sino sobre todo por las reforma constitucional del 2011 en materia de derechos humanos, que establece una obligación superior a los órganos del Estado en la construcción de garantías y mecanismos que respeten y salvaguarden los derechos humanos de las personas.

Sin autonomía del Ministerio Público el sistema penal acusatorio no tiene posibilidades objetivas de ser un catalizador de las transformaciones en nuestro descompuesto sistema de justicia. El que los Ministerios Públicos dependan directamente de Ejecutivos estatales y, en el caso de la PGR, de la federal desde luego impide que dichas instancias se conviertan en verdaderos mecanismos de representación social, transformándolos en representantes y personeros del gobernador o del presidente en turno.

Con esta reforma se pretende que el presidente de la República o el gobernador en una entidad federativa no sean jefes del Ministerio Públicos, para que con ello no puedan sustituir con su voluntad política las decisiones que sólo incumben un órgano técnico que actúa en representación de la sociedad.

Aparejado con esta iniciativa que se presenta y que dota de dicha autonomía al Ministerio Público se debe integrar un paquete de iniciativas que reformen las competencias y atribuciones de la Procuraduría General de la República a nivel federal, que distribuya la investigación de los delitos y, sobre todo, que fortalezcan a esta figura constitucional.

La Fiscalía General de la Nación –o como decida nombrarse– debe tener facultades para investigar los delitos con recursos y patrimonio propio, debe ser realmente una instancia acusadora y persecutora, y no sólo una instancia que recibe información y engrosa expedientes, debe contar con una verdadera policía de investigación con verdaderos elementos técnicos y periciales, además debe contar con mecanismos de protección y seguridad para las víctimas.

Una nueva instancia de Ministerio Público implica un verdadero reto para todas las mexicanas y para todos los mexicanos, pero implica también una verdadera posibilidad para diseñar de raíz una institución que realmente investigue y sancione los delitos que se cometen.

En un país donde el 98 por ciento de los delitos quedan impunes no podemos quedarnos inmóviles. La procuración de justicia integral es una responsabilidad que excede las posibilidades de los organismos públicos, de los cuales la Constitución y las leyes la confinan.

Por tanto tiene que contarse con la participación consciente, decidida y honesta de todos los ciudadanos, ya sean gobernantes o gobernados.

Por ello se propone que esta nueva instancia sea encabezada por una persona elegida de entre la sociedad civil, con prestigio y trayectoria reconocida y que no dependa políticamente de ningún gobernante o partido político, con ello se garantizará también su imparcialidad y su compromiso con la ciudadanía y no con los políticos en turno.

Hay una frase que versa: Sin justicia no habrá paz. Y justo por eso tenemos que trabajar en esta ruta, para construir instituciones capaces y efectivas que nos garanticen el acceso a la justicia, esa justicia que se nos ha negado durante muchos años y que permita construir en un corto plazo las bases para la paz en este país enfrascado en una guerra intestina, sin rumbo ni dirección. Es cuanto, diputado presidente, y solicito la integración del texto al Diario de los Debates.

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